Alice me miró de soslayo.
-¿Qué te pasa?
-¿Realmente es necesario que tenga que explicarlo?
Alice soltó un suspiro de exasperación y me miró
fijamente.- ¿Crees que puedes estar siempre así, triste por el avance que ha
tenido mi vida, de veras crees que te sirve de algo?
-¿Crees que quiero estar así? No hay un (puto)
día, ¡ni uno solo!, en el que no desee
que lo que siento por ti desaparezca, se elimine por completo, porque comienzo
a odiarlo, odio tener que estar enamorado de ti porque no tiene sentido ni
utilidad. El único funcionamiento que tiene, ¡el único!, es el de causarme
dolor, el de que siempre que el tema tenga indicios de aparecer me de ese
vuelco tan jodidamente molesto el estómago, el sentir que tienes una malla de
espinas enredada alrededor del (puto) corazón, aprisionándolo y asfixiando(me)lo
por momentos, cada vez clavándose más adentro, heridas tan profundas que ya
nunca llegarán a cicatrizar. Enserio, ¿crees que me gusta eso? Porque no puedes
estar más equivocada, daría todo lo que soy, ¡TODO!, porque (toda esa
mierda) se acabase. A fin de cuentas, todo lo que soy, es lo que está
consumiendo.
Alice apartó la mirada, parecía dolida, pero lo
siento, esta vez no tenía ganas de hacer nada. Era la verdad, y ella tendría
que soportarla del mismo modo que yo soportaba la suya día tras día.
