domingo, 10 de febrero de 2013

Una tarde de domingo rara,
con abrazos en decadencia,
que se quedan tras las puertas
que no has llegado a abrir,
con besos que aun te esperan,
congelándose en el jardín

lunes, 4 de febrero de 2013


Miraba a su alrededor y las cosas estaban tiradas, todo en su perfecto desorden. La perfección dentro del caos, la inexactitud dentro de un mundo plagado de lo correcto. Sí, ahí estaba él, mirando a su alrededor, hacía todo lo que le rodeaba, todo lo que de alguna forma, bien por costumbre, bien por especial, bien por el dolor, o bien por la alegría, había pasado a formar parte de él. Avanzó lentamente por la destartalada habitación. Había vigas rotas y tiradas en mitad de la estancia de daños que no había podido eliminar de su corazón. Golpes que habían creado tal fisura que ya vivirían para siempre con él. Pero no importaba, avanzó a través de ellos  de forma fácil y grácil, porque sí, que una herida sea imborrable no significa que no deje de doler, simplemente que de ella hemos sacado una gran lección y como toda lección debe dejar su marca en el tiempo. Siguió avanzando por la estancia, iba con paso lento pero decidido, mirando cada rincón por insignificante que este fuese, reparando en cada detalle por intrascendental que pareciese. Conforme avanzaba, vio cosas, muchas cosas, recuerdos que le hicieron reír hasta llorar, otros que le hicieron llorar hasta no poder más. Había tantos estantes con historias en las que él era el único protagonista, tantos marcos con fotos con tanto trasfondo a sus espaldas. Miró con detenimiento cada una de ellas, cada momento de su vida, con esa nostalgia que se tiene, a veces, con esos momentos que vivirías una y otra vez.
Siguió su paseo, cada vez más lento, cerciorándose de no dejarse nada atrás, pues todo era importante, todo formaba parte de él.
Cada vez la cama estaba más cerca, por un instante tuvo miedo, mucho miedo, y se quedó parado donde estaba, esa parte de la estancia estaba iluminada de una forma especial, la luz llegaba con mucha intensidad pero sin llegar a dañar los ojos, parecía que se pudiese masticar la felicidad, pero él no podía estar más asustado, asustado de no tener momentos como ese otra vez, asustado de lo que le pudiese estar esperando después, entonces en sus manos apareció una foto con su mujer, una foto que parecía decirle, todo va a estar bien, él susurro un gracias y continuó su camino, con paso lento. Cuando más le costaba andar se apoyaba en las estanterías para ayudarse.
Cuando estaba a punto de llegar le fallaron las piernas y cayó. Intentó levantarse pero le era imposible, todos sus músculos y huesos le dolían. Entonces todas las personas a las que había conocido a lo largo de su vida se materializaron delante de él, todos con una gran sonrisa, y juntos lo levantaron y lo acompañaron en el último tramo. Una vez lo dejaron en la cama sintió unas irrefrenables ganas de llorar, el miedo volvió a apoderarse de él con muchas más fuerza que la última vez. Todas las personas a su alrededor lo miraron en ese momento, con sus esplendidas sonrisas y le dijeron "Todo va a salir bien, no tienes por qué llorar". Él sintió toda su paz, todo su bienestar, les sonrió y dejó que por todas y cada una de sus partes penetrase esa paz.