Miraba a su alrededor y las cosas estaban tiradas, todo en
su perfecto desorden. La perfección dentro del caos, la inexactitud dentro de
un mundo plagado de lo correcto. Sí, ahí estaba él, mirando a su alrededor,
hacía todo lo que le rodeaba, todo lo que de alguna forma, bien por costumbre,
bien por especial, bien por el dolor, o bien por la alegría, había pasado a
formar parte de él. Avanzó lentamente por la destartalada habitación. Había
vigas rotas y tiradas en mitad de la estancia de daños que no había podido
eliminar de su corazón. Golpes que habían creado tal fisura que ya vivirían
para siempre con él. Pero no importaba, avanzó a través de ellos de forma fácil y grácil, porque sí, que una
herida sea imborrable no significa que no deje de doler, simplemente que de
ella hemos sacado una gran lección y como toda lección debe dejar su marca en
el tiempo. Siguió avanzando por la estancia, iba con paso lento pero decidido,
mirando cada rincón por insignificante que este fuese, reparando en cada
detalle por intrascendental que pareciese. Conforme avanzaba, vio cosas, muchas
cosas, recuerdos que le hicieron reír hasta llorar, otros que le hicieron
llorar hasta no poder más. Había tantos estantes con historias en las que él
era el único protagonista, tantos marcos con fotos con tanto trasfondo a sus
espaldas. Miró con detenimiento cada una de ellas, cada momento de su vida, con
esa nostalgia que se tiene, a veces, con esos momentos que vivirías una y otra
vez.
Siguió su paseo, cada vez más lento, cerciorándose de no
dejarse nada atrás, pues todo era importante, todo formaba parte de él.
Cada vez la cama estaba más cerca, por un instante tuvo
miedo, mucho miedo, y se quedó parado donde estaba, esa parte de la estancia
estaba iluminada de una forma especial, la luz llegaba con mucha intensidad
pero sin llegar a dañar los ojos, parecía que se pudiese masticar la felicidad,
pero él no podía estar más asustado, asustado de no tener momentos como ese
otra vez, asustado de lo que le pudiese estar esperando después, entonces en
sus manos apareció una foto con su mujer, una foto que parecía decirle, todo va
a estar bien, él susurro un gracias y continuó su camino, con paso lento.
Cuando más le costaba andar se apoyaba en las estanterías para ayudarse.
Cuando estaba a punto de llegar le fallaron las piernas y
cayó. Intentó levantarse pero le era imposible, todos sus músculos y huesos le
dolían. Entonces todas las personas a las que había conocido a lo largo de su
vida se materializaron delante de él, todos con una gran sonrisa, y juntos lo
levantaron y lo acompañaron en el último tramo. Una vez lo dejaron en la cama
sintió unas irrefrenables ganas de llorar, el miedo volvió a apoderarse de él
con muchas más fuerza que la última vez. Todas las personas a su alrededor lo
miraron en ese momento, con sus esplendidas sonrisas y le dijeron "Todo va
a salir bien, no tienes por qué llorar". Él sintió toda su paz, todo su
bienestar, les sonrió y dejó que por todas y cada una de sus partes penetrase
esa paz.

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