lunes, 15 de octubre de 2012

La luz siempre llega

Hace días que vengo pensando en escribir algo y al final voy a escribir lo menos pensado.

Las personas comparamos la vida con millones de cosas, como un camino, escalar, y un largo etc. Yo hoy la voy a comparar con una bombilla.

Sí, la vida es una bombilla, la cual, como la bombilla, va por etapas. Normalmente esa bombilla tiene un brillo normal, el justo para alumbrar la estancia en la que estamos. Nos permite saber qué es lo que tenemos alrededor, nos ayuda a elegir unas cosas u otras y tal vez lo más importante, nos mantiene en un estado de mediana felicidad, lo justo, es decir, la felicidad con la que vive cualquier persona del mundo.

Pero hay ocasiones en las que las circunstancias de la vida, hacen que esa luz ilumine con más fuerza. Esa luz nos eleva hasta el infinito, y es en ese momento cuando somos más felices de lo que jamás habríamos pensado, creemos que esa felicidad durará siempre y que esa luz que con tanta fuerza nos ilumina y que nos hace descubrir cosas que jamás habríamos pensado siquiera que estaban ahí siempre nos acompañará.

Pero toda bombilla tiene su límite, y al llegar a este no va descendiendo en escala, ella se apaga de sopetón. Y nos deja en ese cuarto, solos, perdidos, a oscuras y completamente deslumbrados por el fulgor que acabamos de recibir. Y esa oscuridad duele, aprisiona, asfixia.

Al principio permanecemos quietos, no nos movemos, nos preguntamos qué ha pasado, por qué se ha ido toda la luz y sentimos el vacío que esa luz nos ha dejado. Nos intentamos mover, buscar la salida, una solución para que esa luz vuelva, pero sólo en algunas ocasiones lo hace y estas ocasiones se cuentan con los dedos de la mano.

Es, cuando no lo conseguimos, cuando nos vamos perdiendo más y más en esa oscuridad, y no podemos salir, no vemos salida alguna, sólo sabemos caer, una caída que nunca cesa y siempre hay un nivel más bajo.

Pero hay que recordar, o eso me dijeron una vez, que dentro de toda, incluso de la más absoluta oscuridad, hay luz. Tal vez al principio no sea apreciable o no creas que esa afirmación sea verdad. También puede, que a la hora de mostrarse, sea casi imperceptible, o que ya esté con nosotros y nos estemos dando cuenta. Pero dicen que está ahí y que sólo nosotros y el tiempo somos los encargados de encontrarla y volver a encender la bombilla, no como antes, pero al menos, encendida.


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