Hace días que vengo pensando en escribir algo y al final voy a escribir lo menos pensado.
Las personas comparamos la vida con millones de cosas, como un camino,
escalar, y un largo etc. Yo hoy la voy a comparar con una bombilla.
Sí, la vida es una bombilla, la cual, como la bombilla, va por etapas.
Normalmente esa bombilla tiene un brillo normal, el justo para alumbrar
la estancia en la que estamos. Nos permite saber qué es lo que tenemos
alrededor, nos ayuda a elegir unas cosas u otras y tal vez lo más
importante, nos mantiene en un estado de mediana felicidad, lo justo, es
decir, la felicidad con la que vive cualquier persona del mundo.
Pero hay ocasiones en las que las circunstancias de la vida, hacen que
esa luz ilumine con más fuerza. Esa luz nos eleva hasta el infinito, y
es en ese momento cuando somos más felices de lo que jamás habríamos
pensado, creemos que esa felicidad durará siempre y que esa luz que con
tanta fuerza nos ilumina y que nos hace descubrir cosas que jamás
habríamos pensado siquiera que estaban ahí siempre nos acompañará.
Pero toda bombilla tiene su límite, y al llegar a este no va
descendiendo en escala, ella se apaga de sopetón. Y nos deja en ese
cuarto, solos, perdidos, a oscuras y completamente deslumbrados por el
fulgor que acabamos de recibir. Y esa oscuridad duele, aprisiona,
asfixia.
Al principio permanecemos quietos, no nos movemos, nos preguntamos qué
ha pasado, por qué se ha ido toda la luz y sentimos el vacío que esa luz
nos ha dejado. Nos intentamos mover, buscar la salida, una solución
para que esa luz vuelva, pero sólo en algunas ocasiones lo hace y estas
ocasiones se cuentan con los dedos de la mano.
Es, cuando no lo conseguimos, cuando nos vamos perdiendo más y más en
esa oscuridad, y no podemos salir, no vemos salida alguna, sólo sabemos
caer, una caída que nunca cesa y siempre hay un nivel más bajo.
Pero hay que recordar, o eso me dijeron una vez, que dentro de toda,
incluso de la más absoluta oscuridad, hay luz. Tal vez al principio no
sea apreciable o no creas que esa afirmación sea verdad. También puede, que a la hora de mostrarse, sea casi
imperceptible, o que ya esté con nosotros y nos estemos dando cuenta. Pero dicen que está ahí y que sólo nosotros y el tiempo
somos los encargados de encontrarla y volver a encender la bombilla, no
como antes, pero al menos, encendida.


(LLLL)
ResponderEliminarMe alegro de que te guste, gracias por leerme =)
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